La vida epifita

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Los libros buenos no dan respuestas, lo que hacen es suscitar un montón de preguntas. Y este es un buen libro.

Carmen PosadasEscritora

En La vida epifita alienta un novelista con su propia forma de entender la narrativa, que huye de las modas al uso e inicia un camino que auguro fértil. Entre tanta falsificación literaria, Borja Castellano supone la autenticidad del aire fresco.

Juan Van HalenEscritor y crítico literario

La vida epifita transita sutiles meandros sobre las fronteras éticas y sus consecuencias en las relaciones sentimentales. La angustiosa dificultad de tomar decisiones que siempre afectan a terceros y que nos hacen ser cautivos de nuestro pasado…

Ángel M. RogerEx-director de la Real Escuela Superior de Arte Dramático

La vida epifita o epífita es una novela para el paladeo literario, esta redactada con aliento de buen narrador y trufada de una gramática referencial culta e ilustrada, trufada por el amor a los libros, a la lectura, a los objetos bellos, todo ese armazón, toda esa panoplia, que se utilizaba en las buenas narraciones, y que tanto echamos de menos en la actualidad…

Alfredo TajánEscritor

La primera novela de Borja Castellano supone el ‘nacimiento’ de la escritura de alguien con talento.

Ronaldo Menéndez Escritor

Una buena novela, que mantiene la tensión hasta el final.

Germán GullónCrítico literario

…entretenida, elegante e interesante… Borja Campo Alange ha escrito este libro con una minuciosidad y un análisis de los personajes que atrapa desde el primer momento.

Josemi Rodríguez SieiroComunicador

La vida epifita, la primera novela de Borja Castellano, es una obra que no deja indiferente.

Leticia AudibertPeriodista

Aunque es novela de amor e intriga, en el fondo, La vida epifita, trata de la fragilidad humana, de la facilidad con que se cae en culpas inesperadas y reveladoras, así como de sus consecuencias.

María José Alonso Seoane Catedrática de Literatura Española

La vida epifita es una novela muy bien escrita, muy actual, pero que, sin embargo, se libra de algunas de las lacras de la novela que suelen ofrecernos nuestros jóvenes escritores. No es zafia en ningún momento, no se deja llevar por la vulgaridad, y huye del “canon”. (…) La vida epifita mantiene la tensión hasta el final, es muy buena, está bien lograda y bien llevada.

Juan Van HalenEscritor y crítico literario

La prosa de La vida epifita es concienzuda, trabajada, inteligente, de buena literatura.

José Domingo ÁlvarezEditor

La nota que, según mi opinión, merece esta novela […] es un sobresaliente cum laude, en todos sus aspectos, argumentales, literarios, psicológicos, descriptivos, filosóficos… ya digo, impecable en cualquier faceta que se examine. […] En todo caso, me atrevo a decir que nos encontramos ante una pequeña obra de arte.

Antonio Castillo-OlivaresEscritor

La belleza no es
un lugar donde van
a parar los cobardes.

Antonio Gamoneda

Librería Luces de Málaga

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“Muchos años antes, cuando abandonó aquel hombre a su trágica suerte, el Conde tuvo la certeza de que el suceso que acababa de presenciar traería consecuencias el resto de su vida: Cecilia fue, en un principio, la penitencia.”

Borja Campo Alange. “La vida epifita”

“-Te esperaré -dijo Cecilia.

La maleta se le cayó de las manos, ajena a la fragilidad de su balsa y al hambre de los depredadores que acechan bajo las aguas oscuras.”

“La casa se hundía en la colina asediada por los robles. Nada revelaba una aldea próxima.”

“A pesar de todo, al Conde siempre le gustó más la casa de Galicia. Aislada y silenciosa, comida por el musgo y fortificada por rincones húmedos, troncos seculares, arroyuelos escondidos, caminos que desembocan en otros caminos, que a su vez desembocan en otros caminos. El hogar más cercano estaba a más de quinientos metros y era imposible verlo ni ser visto gracias a la espesura de la vegetación.”

“Como la habitación de hotel, como el sol de mañana, como una autómata; un cuadro de Edward Hooper, una figura, un personaje: en un espacio real y metafísico, en una escena desierta; alienada, incapaz de comunicarse y a pesar de todo da la sensación determinista de que es ella quien está siendo vista y observada y no al contrario, aunque sin apenas respirar, Cecilia sigue impávida, estoica, hierática frente a la pantalla de 17 pulgadas.”